martes, 1 de julio de 2014

José María Silva: De asmático a detector de talento

José María Silva fue una gran promesa, pero se quedó a un paso de triunfar plenamente en el baloncesto español. Las lesiones le atacaron en un momento clave, ese en el que uno tiene la oportunidad de consolidarse en la máxima categoría, y al final lo que queda es el recuerdo de un buen jugador LEB que disputó un puñado de partidos con el Real Madrid y solamente una temporada con auténtica continuidad entre los mejores, la de Gijón 95-96. 

Internacional en categorías inferiores (Foto: Gigantes)
Silva es de Móstoles, donde empezó a jugar bastante tarde de manera curiosa. “De niño era muy asmático y el médico nos dijo que una solución era hacer algún deporte, así es que me apunté a atletismo, donde hacía de todo, aunque se me acabaron dando especialmente bien pruebas como el salto de longitud o de altura. Con 12 o 13 años acudí a unas jornadas de detección de talentos de baloncesto porque estaba por encima la media de altura y me quedé porque conseguí machacar la canasta. Mi equipo ganó la liga y en un partido de exhibición que hubo cuando se entregaron los trofeos estaba Ángel Jareño, que vio y me invitó a unirme a lo que era un colegio vinculado al Real Madrid en el que también estaba Isma Santos”, recuerda. Era el Nuestra Señora del Buen Consejo, donde todavía trabaja hoy en día. 

Gijón 95-96

Basado en un físico muy potente, Silva se fue haciendo un hueco en la cantera blanca, aunque fracasó su intento de reconversión a base. Con su alrededor de 1,94 era un escolta claro, aunque en LEB llegó a ayudar como ‘3’. El momento del primer equipo le llegó, aunque no tuvo tanta fortuna como el propio Santos, José Lasa y otros compañeros de generación. “Debuté antes en la Euroliga que en la ACB, que fue ante el Atlético de Madrid Villalba”, señala. Efectivamente, en apenas dos minutos logró cinco puntos, se supone que ‘echándole cara’ en un partido decidido. 

Imagen reciente (Foto: FEB)

Participó activamente en el ascenso (no consumado) del Guadalajara en la 92-93 (entonces era filial madridista). Y gozó de la gran oportunidad en Gijón, pero su papel no fue muy relevante y no tuvo mucha suerte con las lesiones y estuvo casi año y medio sin jugar entre unas y otras. Sí tuvo una aportación positiva entre Murcia y Melilla, pero en LEB. Y, “aunque con mucha pena, porque me costó muchísimo”, abandonó el baloncesto profesional cuando acababa de cumplir los 30 años, en el 2002. Priorizó terminar la carrera de Magisterio y hacer las prácticas. “Fue una decisión muy dura, pero pensé que el baloncesto no me había dado mucho y tenía que preparar lo que iba a ser mi vida posterior”, analiza.

Ahora, todo lo que aprendió lo traslada como responsable del programa de detección de talentos de la Federación Española para edades comprendidas entre los 12 y los 15 años. Además, casi todos los veranos lleva alguna de las selecciones de esta franja. “Es algo muy emocionante”, destaca. Su trabajo habitual es el de profesor de educación física en el colegio que he mencionado más arriba, donde también dirige el basket formativo. “Somos el segundo centro con más licencias de Madrid”, apostilla Silva.
Javier Ortiz
Espacio Liga Endesa

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