sábado, 28 de junio de 2014

James Terry: Vitoria antes de ser israelí

Conocida es la facilidad que tienen en Israel para darles su pasaporte a baloncestistas que destaquen. Uno de ellos en los 80-90 fue James Terry, que antes de ser una estrella en el país hebreo y conseguir la nacionalización pasó por España. Por números no lo hizo mal en el Caja de Álava (denominación entonces del Baskonia/actual Laboral Kutxa) de la temporada 85-86. Veamos.

Con el Hapoel Tel Aviv
Terry era un pívot de Cleveland cuya altura varía según la fuente (va de 2,04 a 2,08, según mires). Se formó en la universidad de Howard y entró en el ‘draft’ de 1982, aunque en una posición tan lejana que hacía imposible imaginarle en la NBA. Así que, tras un paso por la CBA, empezó su carrera europea, que le llevó a Vitoria en sustitución de Terry White. Fueron 13 partidos con 18,1 puntos y 9,7 rebotes. “Jugador anárquico, fuerte, poco técnico pero trabajador y útil bajo los tableros” es la definición que hace de él Jordi Román en el imprescindible serial de ‘Gigantes del Basket’ sobre los extranjeros que hasta entonces (1991) habían jugado en la liga.

En Israel sí que encontró su lugar donde desarrollarse y ser reconocido. Tras varios años actuando ocupando plaza de extranjero le llegó la posibilidad de nacionalizarse y la aprovechó, lo que le revalorizó. Llegó a convertirse al judaísmo, una condición imprescindible para completar el proceso. En total estuvo 13 temporadas allí en equipos como Maccabi Haifa, Hapoel Zefat, Hapoel Holon, Hapoel Tel Aviv, Hapoel Nahariya y Hapoel Eilat. Seguramente le quedó la espina de jugar en el Maccabi Tel Aviv, del que se queja que “mató la liga” por su superioridad total a nivel económico.

Se retiró en 1996, pero todavía en el 2007 era recordado en Israel en una curiosa entrevista en la que contaba que vivía en Maryland y que trabajaba en la construcción como supervisor. Había tenido ya dos hijos y disfrutaba de su tiempo libre pescando. Se ofrecía descaradamente. “Todavía soy fuerte y grande y estoy en buena forma. A veces cojo una pelota y juego en el vecindario. Si me preguntas, estoy seguro de que podría volver a Israel y dar 20 minutos de defensa y rebote. Si alguien me llama, volveré”, decía.

En su momento declinó la invitación para jugar con la selección israelí porque, afirma, “quería pasar el verano con mi familia en Estados Unidos. La echaba de menos”. Sí que no pudo escaquearse del servicio militar obligatorio que tiene que cumplir todo ciudadano israelí. Fue corto, pero terminó exhausto: “El ejército fue una experiencia, pero no lo repetiría. No sé cuánto tiempo estuvimos en aquel cuartel, pero cada día se me hizo muy largo. Recuerdo el desierto, las duchas frías y la comida, que era horrible. Aprendimos a disparar un M16 y cómo montarlo, pero yo lo único que quería es que aquello acabase. Al menos hice unos cuantos amigos allí. Varios de ellos eran como yo: jugadores nacionalizados que estaban allí de forma obligatoria”.


Javier Ortiz
Espacio Liga Endesa

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