jueves, 15 de agosto de 2013

Roberto Íñiguez: Éxito fulminante en los banquillos femeninos

Poco podía imaginarse Roberto Íñiguez cuando, a finales de los 80, era un cumplidor base de la máxima categoría que cuarto de siglo después sería uno de los técnicos de baloncesto femenino de mayor prestigio en Europa. Pero Roberto se enfada un poco cuando se le quieren hacer distinciones entre basket de chicas y de chicos. “Soy entrenador. No veo que haya diferencias entre entrenar en femenino y en masculino. No entiendo que haya gente que me diga que pasar a femenino suponga un cierto descrédito para tu trayectoria”, destaca.
Superando a su ex compañero de clase Pablo Laso.
Desde luego, a él le está yendo sensacional en femenino con poca experiencia en ello. Había dirigido en las categorías inferiores del Valencia Basket cuando irrumpió en el Ros Casares a finales del 2011 en sustitución de Natalia Hejkova y acabó llevándose la Euroliga apenas tres meses después. Eso, y la desaparición del histórico club levantino, le abrió las puertas de un buen contrato en el Fenerbahce turco, donde en la última campaña ha sido campeón nacional. Además, ha llevado al conjunto otomano por primera vez a una final continental, aunque la perdió contra las rusas del Ekaterinburgo.
Íñiguez parece valenciano, porque se afincó allí al final de su carrera como jugador, pero es vasco. De Vitoria, para ser más concretos. Él mismo cuenta algo espectacular: “De pequeño, en el Colegio San Viator, que creo que es el mejor de España, compartía pupitre con Pablo Laso. Y claro que echábamos grandes partidos en el patio”. En ese sentido, es para mirarse la foto adjunta, con los dos batallando en la élite. Los dos actuales subcampeones continentales, por cierto.

Sin embargo, él nunca llegó a estar en el Baskonia. Se marchó en 1987 a Valencia, con el que subió por primera vez a la actual Liga Endesa. “Era un base serio, creo yo. Me gustaba más hacer jugar al equipo que anotar”, recuerda. Otra característica nada habitual en el basket de la época es que tiraba más de tres que de dos.
En el 91 protagonizó otro ascenso con el Gran Canaria, pero entonces llegó lo que terminaría prematuramente con su carrera: las lesiones. “Realmente fui estúpido. Hoy en día no se permitiría lo que hice yo en varias ocasiones: jugar claramente lesionado, sobre todo en unos ‘playoffs’ de permanencia en Las Palmas. Eso me acabaría dando muchos problemas y mi juego ya no volvería a ser el que era. Lo intenté en Murcia, Burgos y Gandía, pero lo mejor era dejarlo”. Era 1996 y solamente tenía 29 años.

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